Alejandra Pizarnik: Una Voz

6 de mayo de 2009

Movimientos artísticos que tuvieron gran influencia en la estética Pizarnikeana (I)

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Alejandra silencia con alevosía en su obra, el contexto socioeconómico y político de su época. Omite tomar partido.
Sin embargo teje una red amplísima de conexiones artísticas con sus colegas contemporáneos. Escarba hasta la médula los movimientos vanguardistas, y construye una red de influencias extraordinaria.
Su obra está plagada de guiños, citas, intertextos.
Considero importante reseñar brevemente algunas de sus influencias.


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Expresionismo (1905-1925)


“¿No son los artistas salvajes, que poseen su propia forma, fuertes como la forma del trueno?...
…El hombre expresa su vida en formas. Cada forma artística es la expresión de su vida interior. El exterior de la forma artística es su interior.”

August Macke

(Las máscaras, texto breve publicado en el famoso almanaque de “der Blaue Reiter” 1912
)


...El movimiento se desarrolló fundamentalmente en los países germánicos. Sus antecedentes hay que buscarlos en el romanticismo. (Edward Munch es considerado el precursor del movimiento).



(Edward Munch)



...Los temas tratados (y los que influyen notablemente en la obra de Alejandra) están relacionados con la opresión, el terror, la miseria. Abundan también referencias a temas sexuales.


...Se trabaja sobre un principio deformador de la realidad, se representa la realidad como un carnaval, como un juego de máscaras las figuras están ridiculizadas. (Se trabaja sobre la figura del doble, el autómata).
Idea de incomunicación y soledad.


...Para el artista expresionista lo importante es su visión interna, que se extiende a aquello que se intenta representar deformándolo, intentando encontrar su esencia.
Lo importante no es la descripción o narración exacta de los hechos, sino sus significados interiores.



“El artista no es un privilegiado de la vida, no tiene derecho a vivir sin deberes, está obligado a un trabajo pesado que a veces se convierte en su cruz. Ha de saber que cualquiera de sus actos, sentimientos, pensamientos constituyen el frágil, intocable, pero fuerte material de sus obras, y que por tanto, no es libre en la vida sino en el arte.”

Kandinsky (De lo espiritual en el arte. 1912)



(Kandinsky)
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Dadaísmo (1916-1922)

“La moral atrofia como toda plaga producto de la inteligencia”

Tristán Tzara
(Manifiesto 1918)

...El punto de arranque del movimiento hay que buscarlo antes de que se iniciara la 1° Guerra Mundial, en 1913, con la famosa exposición del Armony Show en Nueva York. Una serie de artistas europeos se trasladaron allí, con objeto de participar de la muestra. Entre ellos figuraban Francis Picabia y Marcel Duchamp.

(Francis Picabia)

...Marcel Duchamp fue un precursor del dadaísmo y su obra, tanto la objetual como la pictórica, posee una especial importancia en el contexto del siglo XX.
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(Duchamp)


La subversión que implica el movimiento dadaísta no puede entenderse sin ligarlo al momento en que surgió, en plena primera guerra mundial. El Dadá apareció en Zürich en 1916 de la mano de Tristán Tzara.


Pizarnik, conoce a Tzara en las clases de Bajarlía:


“Alejandra quería estudiar a fondo la obra de un autor que se expresaba con tanto desparpajo sobre la literatura de su época
”.

Juan Jacobo Bajarlía
(Alejandra Pizarnik, anatomía de un recuerdo. 1998)


Tristán Tzara:


Ha girado en torno al faro el nimbo de los pájaros azules
en las mitades de la oscuridad taladrando la lejanía de los barcos
y se han caído al agua cual cenizas de arcángeles
Se ha alterado el pan y la flor
En las leproserías yacen como gavillas nuestros amigos
Tú sigues cosiendo sola pensamientos para tu hijo
Solamente el tren arrastra sus vapores
Animal malherido que corre, destripado

Versión de Darie Novácenau

1 de mayo de 2009

Poema de Julio Cortázar para A.P

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Alejandra

Puesto que hades no existe, seguramente estás allá,
último hotel, último sueño,
pasajera obstinada de la ausencia.
Sin equipajes ni papeles,
Dando por óbolo un cuaderno
O un lápiz de color.
- Acéptalos barquero: nadie pagó más caro
el ingreso a los Grandes Transparentes,
al jardín donde Alicia la esperaba.

Julio Cortázar




(Este poema de Cortázar fue publicado en la revista Desquicio, en el otoño de 1972, en París)

2 de abril de 2009

Alejandra Pizarnik y Julio Cortázar (ParteI)


De pronto lo miró y le dijo: la Maga soy yo. Se lo dijo al mismísimo Cortázar, al autor de Rayuela, al dueño e inventor del personaje. La poeta Alejandra Pizarnik se lo dijo a su amigo Julio Cortázar. En París. La Maga soy yo. El escritor sonrió apenas y no hizo comentarios.




¡Tantas supuestas musas le habían dicho lo mismo! Ser la Maga para ellas quería decir muchas cosas. Vivir todo el tiempo en estado de exaltación lírica, ser amadas hasta el fin por los mejores varones, apretar el tubo del dentífrico por la mitad y no desde abajo como recomiendan los bien nacidos, transcurrir por las calles alegremente, sin rumbo, sin horarios, sin religión. Ser la Maga era soñar en colores. Era también disfrutar de Mozart sin saber quién es Mozart. Ser valiente. Inclinarse siempre para el lado de la sed. O bañarse desnuda con agua de lluvia en una plaza pública. O tener amigos altos y barbudos como, por ejemplo, Cortázar.




Alejandra y Julio se conocieron tal vez en Pont des Arts, una mañana, casi por accidente. Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos.

Casi no hablaron. Pero se enamoraron con esa mezcla de asombro y distancia que suele unir a los amigos. Alejandra estaba sola y se sentía sola; había viajado a Europa luego de atravesar por un cúmulo de frustraciones. Muy pronto se hicieron evidentes, entre ellos, grandes y sutiles afinidades.
La verdad no está en los libros sino en la piel, en las miradas, en las ramas de los árboles, en los puentes sobre el río neblinoso y en las amadas palabras cotidianas. La amistad se fue cocinando mediante una infinidad de gestos de extrema delicadeza y con una mutua actitud de ternura vigilante.

14 de marzo de 2009

Homenaje a Alejandra Pizarnik

"PAVANA PARA UNA INFANTA DIFUNTA"



A Alejandra Pizarnik



Pequeña centinela,

caes una vez más por la ranura de la noche

sin más armas que los ojos abiertos y el terror

contra los invasores insolubles en el papel en blanco.

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Ellos eran legión.

Legión encarnizada era su nombre

y se multiplicaban a medida que tú te destejías hasta el último hilván,

arrinconándote contra las telarañas voraces de la nada.

El que cierra los ojos se convierte en morada de todo el universo.

El que los abre traza las fronteras y permanece a la intemperie.

El que pisa la raya no encuentra su lugar.

Insomnios como túneles para probar la inconsistencia de toda realidad;

noches y noches perforadas por una sola bala que te incrusta en lo oscuro,

y el mismo ensayo de reconocerte al despertar en la memoria de la muerte:

esa perversa tentación,

ese ángel adorable con hocico de cerdo.

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¿Quién habló de conjuros para contrarrestar la herida del propio nacimiento?
¿Quién habló de sobornos para los emisarios del propio porvenir?

Sólo había un jardín: en el fondo de todo hay un jardín
donde se abre la flor azul del sueño de Novalis.

Flor cruel, flor vampira,

más alevosa que la trampa oculta en la felpa del muro

y que jamás se alcanza sin dejar la cabeza o el resto de la sangre en el umbral.

Pero tú te inclinabas igual para cortarla donde no hacías pie,

abismos hacia adentro.

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Intentabas trocarla por la criatura hambrienta que te deshabitaba.

Erigías pequeños castillos devoradores en su honor;

te vestías de plumas desprendidas de la hoguera de todo posible paraíso;

amaestrabas animalitos peligrosos para roer los puentes de la salvación;

te perdías igual que la mendiga en el delirio de los lobos;

te probabas lenguajes como ácidos, como tentáculos,

como lazos en manos del estrangulador.

¡Ah los estragos de la poesía cortándote las venas con el filo del alba,

y esos labios exangües sorbiendo los venenos de la inanidad de la palabra!

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Y de pronto no hay más.

Se rompieron los frascos.

Se astillaron las luces y los lápices.

Se degarró el papel con la desgarradura que te desliza en otro laberinto.

Todas las puertas son para salir.

Ya todo es el revés de los espejos.

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Pequeña pasajera,

sola con tu alcancía de visiones

y el mismo insoportable desamparo debajo de los pies:

sin duda estás clamando por pasar con tus voces de ahogada,

sin duda te detiene tu propia inmensa sombra que aún te sobrevuela en busca de otra,

o tiemblas frente a un insecto que cubre con sus membranas todo el caos,

o te adrementa el mar que cabe desde tu lado en esta lágrima.

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Pero otra vez te digo,

ahora que el silencio te envuelve por dos veces en sus alas como un manto:

en el fondo de todo jardín hay un jardín.

Ahí está tu jardín,

Talita cumi.
Olga Orozco

24 de febrero de 2009

La ultima inocencia...

Partir
en cuerpo y alma partir.



Partir
deshacerse de las miradas



piedras opresoras



que duermen en la garganta.





He de partir


no más inercia bajo el sol



no más sangre anonadada



no más fila para morir.



He de partir

Pero arremete ¡viajera!

Alejandra Pizarnik

Fotos: Google

15 de febrero de 2009

El Absurdo como relación (parte III)

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....................Ella tenía 18 años. Yo le doblaba la edad- podía ser un personaje de Valle Inclán o una presencia edónica de Francisco Delicado. Cuando se lo dije (ella no me entendió) quiso esbozar una respuesta que quedó en sus labios. Arqueó los hombros y sonrió. Recordé entonces que H.G. Wells, el autor de La máquina del tiempo, se había enamorado de su alumna, Amy Catherine Robbins cuando él era profesor de biología en la Escuela de Ciencias, de Londres. Me tranquilicé a mí mismo recurriendo a la experiencia que dan las letras cuando éstas lo deslumbran a uno.
Ya era muy tarde cuando nos fuimos de la Real. Nos dirigimos hasta Avellaneda, y la dejé en el número 114 de la calle Lambaré, la casa donde “su vieja rezongona” estaba dispuesta a pelearla en cualquier momento y por cualquier motivo.




..............Entró hojeando el libro de Tristán Tzara y se dio media vuelta para decirme que iba a “estudiar a fondo” la obra de un autor como él, que se expresaba con tanto desparpajo sobre la literatura de su época.




............Me acerqué más a la puerta y olvidando la despedida, le referí algunas curiosas anécdotas de Tristán Tzara. Aquella por ejemplo, en que una admiradora, después de una conferencia en Zurich, le extiende el libro de Racine y le pregunta qué opinaba del autor.
Tzara leyó el título y lo arrojó hacia un costado por encima de otros concurrentes, mientras decía, contrariado: “¡Merde, merde! Esto no es para leer.”
Alejandra se echó a reír, y yo agregué algo más mezclando las extravagancias del dadaísmo con el surrealismo.



...............Recordé aquella exposición en que los asistentes debían entrar a través de un boquete abierto en un mingitorio. Y una vez dentro, destruir las obras con todo lo que uno tuviera a su alcance. Eran las palabras y la acción en una unidad inapelable. Si dadá no era nada, si dadá era un producto farmacéutico para imbéciles, nada mejor que negarlo todo y aun la misma existencia.



.............Alejandra reía. Hojeaba el libro y me miraba. El profesor se diluía. Se convertía e un “amigo más”. O en algo más profundo, cuyos límites (o ilimites) iba a demarcar el tiempo.

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Juan Jacobo Bajarlía

(Alejandra Pizarnik, anatomía de un recuerdo)
Dibujos: Alejandra Pizarnik

5 de febrero de 2009

El absurdo como relacion (parte II)

............Hacia delante, en primera fila, mudos como ante una representación del mito en Epidauro, se hallaban Antonio Román, más tarde jefe de creativas en el diario Clarín, y Alejandra Pizarnik. Esta era la única que tomaba apuntes y seguía atentamente mi exposición. Anotaba cuanto decía y levantaba la mano para interrogar sobre aquello que de alguna manera estaba en oposición con el tradicionalismo.



...........Una semana después, fascinada por ciertas frases de Tristán Tzara que yo traducía de Le surréalisme et l´aprés-guerre, frases donde yo hablaba de la tradición revolucionaria específicamente poética, y del absurdo que se vuelve un valor poético como el dolor y el amor, se acercó a mí a la salida de la Escuela y me preguntó si era posible conseguir ese libro. Sus lecturas no habían pasado de Rubén Darío, y ahora advertía que el mundo de la poesía tenía otros parámetros que modificaban sustancialmente la concepción poética.


............Le dije que lo viera a Félix Gattengo de mi parte en la Librería Galatea (Viamonte casi esquina Florida) y le preguntara al respecto. El, antiguo integrante de los grupos surrealistas, en París, solía importar libros franceses, y era posible que lo tuviera o lo hiciera traer. En ese sentido, para nosotros, era el librero que más rápido adquiría las obras publicadas en Francia, especialmente las del surrealismo.

...........Dijo todo eso por decir algo, pero me remordió la conciencia y le extendí el ejemplar que yo había traducido en clase. Le pregunté si sabía francés. Respondió que sí y que se ayudaba con un diccionario de Acalá-Zamora y Teophile Antignac, editado por Sopena.
Como era temprano la invité a tomar café en la Confitería Real, en Corrientes y Talcahuano.

...........Alejandra tenía 18 años, y en mi lista de clase figuraba como Pizarnik, Flora Alejandra. Había nacido en Avellaneda el 29 de Abril de 1936, y tenía una hermana (de la que solía hablarme de nombre Myriam. Su padre Elías Pizarnik, era un joyero a domicilio (expresión de Alejandra). Su madre Rosa Rejzla Bromiker, una vieja rezongona, como ella decía, con la que siempre estaba en conflicto. No la entendía, o por exceso de celos siempre había motivos para discutir.

.............Todo eso me fue revelado aquella noche en la Real. Llena de acné, un tanto inclinada levemente y con cierta dificultad para hablar que provenía de su mala respiración (alguien la habría calificado ligeramente de tartamuda), me dijo que en casa la llamaban Buma, flor, en idish) y a veces Blimele (florcita). Incluso en algún momento tenía fatiga por cierta esclerosis y una alergia asmática mal curada. Este síntoma le producía dolor de espalda y la impulsaba a cualquier analgésico.


.............Mientras ella apuraba un cigarrillo entre inhibida y locuaz, yo a cada instante reencendía mi pipa, me detenía en sus grandes ojos verdes o calibraba su cabello castaño, su tez morena y sus labios gruesos y sensuales. Entre sus ojos y sus labios, el Bosco hubiera imaginado una naturaleza más apocalíptica o un infierno poblado de otros monstruos....



http://www.bajarlia.com.ar/

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Fragmento extraído de: "Alejandra Pizarnik, Anatomía de un recurdo"

(Juan Jacobo Bajarlía)
Ed. Almagesto 1998

El absurdo como relacion (parte I)

(Juan Jacobo Bajarlía)




..............Mi clase, en la Escuela de Periodismo, calle Libertad, entre Diagonal Norte y Tucumán, era la más concurrida en 1954. Yo dictaba Literatura Moderna, nombre con el que disfrazaba una apasionante historia de los movimientos de vanguardia, rechazados oficialmente en los institutos de enseñanza durante el gobierno de Juan Domingo Perón.





...............Ese día de abril de 1954 inicié las clases sobre dadaísmo y la definición de Tristán Tzara acerca del arte como producto farmacéutico para imbéciles. Me proponía romper con los convencionalismos y el falso folklorismo alentado por los envejecidos arúspices del Estado. Hablé del espontaneísmo como medida de la tendencia, de la traición de André Bretón a sus compañeros dadaístas, de los que luego se separará para lanzar en 1924, El Primer Manifiesto del Surrealismo, cuando Antonin Artaud, ya derrumbado, pero lúcido, pedía toda clase de drogas para calmar sus dolores.



.............El espontaneísmo de 1916, defendido doctrinariamente por Dadá, decía yo, se había convertido en el enigmático automatismo surrealista de 1924. cuando Tzara fustigaba, desde Zurcí (donde nace el dadaísmo) la Primera Guerra Mundial, como causa del hundimiento de la civilización, André Bretón, desde París, mediante el supuesto automatismo, tomado del psicoanálisis, impulsaba a una batalla para hallar el punto de sutura entre la realidad y el sueño, entre el entorno esclavo de la materia y la imaginación proyectada desde las zonas más profundas del inconsciente.



...........Recalcaba la adhesión de André Bretón a Freud, su admiración por el mito d Edipo y la tendencia de algunos de sus compañeros a los espíritus redivivos de Allan Kardec, arrojados en Le Livre des sprits, de 1857, infinidad de veces reeditado y celebrado como el descubrimiento del siglo. Analizaba la contradicción entre el espíritu y la materia y las proposiciones de Marx invirtiendo a Hegel, que estaban implícitas en el surrealismo.



..........De entre los concurrentes a esa clase, recuerdo al rector de la Escuela que era Americo Barrios, al profesor de sociología José Ramón Cortés Martínez, y a Omar Viñole, el Hombre de la vaca, que entonces enseñaba oratoria en el mismo establecimiento, como simple pretexto para reiterar la prosa de combate de su periódico El Tanque.


Fragmento extraído de: "Alejandra Pizarnik, Anatomía de un recurdo" (Juan Jacobo Bajarlía)

Ed. Almagesto 1998

31 de enero de 2009

Fragmentos...

Alejandra Pizarnik según Antonio Requeni


Por Antonio Beneyto

..............Estando a la orilla del Mediterráneo, en la misma playa, mientras la gente se zambullía en el agua, mientras dejaba imbécilmente que el sol la tostase, el poeta y pintor Antonio Fernández Molina y yo escribíamos conjuntamente a máquina y «a la sombra de una sombrilla» las contestaciones a unas preguntas que en forma de entrevista nos había formulado uno de los diarios de Palma de Mallorca por aquellos días. Esto era allá por el verano de 1967



..............El caso es que una vez que acabamos de contestar el cuestionario (ante un público asombrado por ver nuestra insólita acción de estar escribiendo a máquina en la playa) Fernández Molina sacó de una carpeta azul-cartón-gomas-blancas un manojo de holandesas y me dijo: «Mira, léete esto, tal vez te sirva para publicar en tu colección La Esquina». Enseguida me puse a leer el original que me pasó mi amigo. Lo leí de un tirón y luego sin hacer ningún comentario lo abandoné sobre una mesita que teníamos para escribir y me marché a zambullirme en el agua. Pasados unos minutos de nuevo estaba junto al poeta. Seguí un buen rato introducido en un terrible y al mismo tiempo hermoso mutismo en cuanto al original. Le daba vueltas. Lo observaba encima de la mesita. Sentía que debía regresar a él. Y así lo hice: regresé al significativo título que llevaba, Nombres y figura, de Alejandra Pizarnik

...............Cuando lo hube leído de nuevo, le dije a Fernández Molina: «Me llevo este libro para publicarlo en la colección La Esquina"




..............Así empecé a conocer a Alejandra Pizarnik. Luego, más tarde, serían las cartas que nos cruzábamos, casi una a continuación de otra; serían los dibujos, serían los libros editados, las fotografías, en fin, sería todo. Fue tan estrecha mi relación con Alejandra Pizarnik desde que llegó su primer original a mis manos que ya nunca perdimos la comunicación, de una forma u otra. Ahora está haciendo treinta y seis años que nos conocimos a través de la distancia, de las «cosas» que yo le hacía llegar, de las que ella me hacía llegar a mí, y por ello pienso que en este momento no me sería nada difícil hacer una fotografía de Alejandra Pizarnik. Pero no. Quiero dejar hablar a Antonio Requeni, que la conoció desde la adolescencia


...........Conocí a Alejandra Pizarnik cuando era una adolescente. Menuda de cuerpo, linda de cara, el pelo rubio y corto, y unos ojos claros llenos de deslumbramiento, en los que brillaba a menudo una chispa traviesa. Vivía entonces con sus padres en Avellaneda (es una calle de Buenos Aires) donde yo la visitaba en su cuarto atiborrado de libros (Nerval, Baudelaire, Rimbaud, Lautremont), papeles manuscritos con letra pequeña e infantil, reproducciones de motivos abstractos, afiches y collages, que ella misma componía haciendo gala de un humor tierno y corrosivo a la vez, en el que ya apuntaban signos de su futura personalidad». Continúa Requeni: «A pesar de algunas aproximaciones a grupos poéticos de vanguardia, Alejandra Pizarnik era una isla solitaria en nuestro ambiente literario, una personalidad aparentemente desprendida de su contorno social, sólo atenta a los propios ecos de su subconsciente, marcada con el sello (o el estigma) de una tremenda lucidez y desde el punto de vista literario, dueña de un notable rigor estilístico»



............De vez en cuando Alejandra Pizarnik me enviaba algunos recortes de prensa en donde se hablaba de ella. Luego, poco después de su muerte, mis amigos argentinos han seguido mandándome también todo aquello sobre sobre la poeta amiga que escribía y publicaba al otro lado del Atlántico. Uno de los últimos recortes que Alejandra Pizarnik me envió era un artículo sin firma de la revista Panorama, 5 de enero de 1971, en el cual el autor hacía una descripción de su departamento en Buenos Aires. Y como pienso que puede ser un signo más, aunque éste sea también externo, para saber quién y cómo era Alejandra Pizarnik no he dudado un instante en transcribirlo: «Entrar en su departamento, en la calle Montevideo, 900 (concretamente al 980) , implica ingresar en un mundo perdido de maravillas, en un cosmos magnético de objetos. Muñecas como agobiadas por sus sueños y tristezas, muñecos destartalados por tormentas secretas, desteñidos afiches (retratos amarillos de tiempos pasados), animalitos de madera y de metal, escapados de alguna pesadilla, muebles insólitamente pequeños, retratos de Baudelaire, Cirlot, Rimaud, Beneyto, Michaux, Breton, diminutas reproducciones de pinturas y dibujos, abandonados en alguna zona de las blancas paredes. Ningún ser, animal, humano o vegetal, ni un mineral siquiera, puede demorarse en ese ámbito como si fuese su morada, con una sola excepción: la de quien creó ese universo inusual, casi aterrador



22 de enero de 2009

AÚN ESTÁS AHÍ


A Bhuma................................................


Aún estás ahí

detrás de tu nombre

perdida en el camino que se extendía en el deseo

en las ausencias que caían de la noche

junto a la taza de café que enumeraba el abismo.

Los relojes dormían retardando el alba

y las palabras brillaban en tus ojos

buscando las puertas del exilio

las sombras que inscribían tu ser

y el miedo que humedecía tus ideas.


Aún estás ahí

detrás de tu nombre

el mundo en la valija

y el río de Heráclito en tus manos

bajo las horas que enredaban los recuerdos.

Sentada ahí

pasaban los espejos que cubrían tu voz

los horizontes

las piedras que alimentaban tu sangre

las imágenes que tejían el tiempo.


La poesía estallaba bajo la luna de Empédocles

y te abría la puerta de fuego

donde buscabas tu cuerpo detrás de tu nombre.

Sólo fue una palabra que cayó del enigma

cuando los ojos de la memoria te vieron esa noche.

Aún estás ahí

detrás de tu nombre.
Juan Jacobo Bajarlía

2 de enero de 2009

Cronología...




ALEJANDRA PIZARNIK - Cronologia




1936 Nace, con el nombre de Flora, en Buenos Aires el 29 de abril en el seno de una familia de inmigrantes del este de Europa1949Ingresa a la Escuela Normal Mixta de Avellaneda.



1953 Egresa del colegio secundario.



1954 Comienza la carrera de Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras, de la Universidad de Buenos Aires. Ese mismo año, toma clases de pintura en el taller de Juan Batlle Planas y cursa estudios de periodismo donde conoce a Juan-Jacobo Bajarlía quien recordará:"Los sábados por la mañana no faltábamos al Jockey Club de Florida y Viamonte. Allí también solía venir Aldo Pellegrini, quien entonces firmaba con el seudónimo de Rodolfo Este, y allí le presenté al pintor surrealista Juan Batlle Planas, quien ya trabajaba para la escenografía de ‘La Esfinge’, un misterio dramático (mi primera obra teatral) que yo había escrito, inspirado en Alejandra. En ese lugar también le ‘presenté’ por segunda vez a César Rosales, periodista de La Nación, a Ludovico Rosenthal, traductor de Freud, y a David J. Vogelman, quien ya, en 1954, se preocupaba por el Zen y el I Ching.Batlle Planas se sentó junto a nosotros. Le gustaba la ciencia ficción y no hacía otra cosa que hablarnos de Bradbury. El tema de ‘La Esfinge’ llegó al final. Pero la presencia de Alejandra me impidió explicarle que la Esfinge y Filoxena, personajes del misterio dramático, transcribían su enigmático carácter, la manera de ser de una Alejandra que ni ella misma se entendía.Alejandra, no muy segura en su búsqueda de la creación, aprovechó ese momento para decirle a Batlle Planas que le gustaría concurrir a su atelier para estudiar pintura. El fijó las condiciones de la futura labor. Pero Alejandra muy anárquica y muy inconstante en aquel entonces, sólo concurrió unas pocas veces y abandonó las tintas. Recuerdo lo que me dijo el pintor delante de ella otro sábado en el mismo bar: ‘A esta nena hay que comprarle papel para escribir sobre los sueños. Confunde los pinceles con los lápices’.Alejandra aceptó la diatriba y sonrió. Era su manera peculiar de responder en esos casos", del libro de Juan-Jacobo Bajarlía.


Conoce al escritor Oliverio Girondo.





1955 Aparece en Buenos Aires su libro "La tierra más ajena" (editorial Botella al mar)



1956 Ediciones Poesía Buenos Aires publica "La última inocencia".Conoce a la poeta Olga Orozco



1958 Se publica en Buenos Aires "Las aventuras perdidas" (editorial Altamar).



1960 Viaja a París, donde trabaja para la revista "Cuadernos" y algunas editoriales francesas, publica poemas y críticas en varios diarios, traduce a Antonin Artaud, Henri Michaux, Aimé Cesairé, e Yves Bonnefoy, y estudia historia de la religión y literatura francesa en la Sorbona.Traba amistad con André Pieyre de Mandiargues, Octavio Paz y Julio Cortázar.Conoce a Ivonne Bordelois.



1962 Editorial Sur, de Buenos Aires, publica su libro"Árbol de Diana".


1964 Regresa a Buenos Aires.


1965 Editorial Sudamericana, de Buenos Aires, publica su libro "Los trabajos y las noches"."Libertad y autonomía son los atributos de ‘Los trabajos y las noches’, de Alejandra Pizarnik. Libertad con respecto a sí, ante todo. Y esto en poemas en que el autor parece contarnos de sí y contarnos el mundo que ve, que desearía ver. Esta observación quizá no parezca trivial si pensamos que muchos de estos poemas tienen el tono de una súplica o una confesión vehemente. Pero qué lejos nos llevan de esa turbia complicidad creada por las confesiones. El movimiento de estos versos nada tiene que ver con el ímpetu romántico que hace de la obra una excrecencia –una expresión, para no usar términos peyorativos– de la vida. Para admitir los trabajos nocturnos de Alejandra Pizarnik hemos de abandonar el hábito de referirlos a las circunstancias de su vivir; y claro está que no me refiero a la minucia biográfica, sino a los pormenores de esa otra biografía espiritual que son, para el lector y el crítico, los únicos materiales dignos de ser poetizados. No hay aquí en verdad, experiencia vivida para la cual la poesía sirva de ajustadísimo vehículo. La poesía es, esta vez, creación y también revelación de la experiencia; no ya de una ‘biografía’ que se eslabone de poema en poema, sino de una serie de instantes en cada uno de los cuales se da el ser plenamente", escribirá el crítico Enrique Pezzoni, en "El texto y sus voces", editorial Sudamericana, 1986."En el fondo —escribe Pizarnik en su diario el 25 de julio de 1965— yo odio la poesía. Es, para mí, una condena a la abstracción. Y además me recuerda esa condena. Y además me recuerda que no puedo «hincar el diente» en lo concreto. Si pudiera hacer orden en mis papeles algo se salvaría. Y en mis lecturas y en mis miserables escritos".







1967 Conoce a Silvina Ocampo, con quien mantiene una amistad que durará hasta su muerte."El humor, la poesía, el sentido de lo tenebroso y absurdo que se esconde bajo las apariencias más inocentes, la devoción a la literatura y a la vida fantástica, fueron los cauces que hicieron inevitable la relación de Alejandra Pizarnik y Silvina Ocampo (…) De todas las cartas del epistolario, éstas son las únicas donde la amistad rápidamente asciende a pasión y se enciende en ella (…) Las desgarradoras cartas finales marcan quizá la iniciación de un silencio o una despedida", señala Ivonne Bordelois en el libro "Correspondecia Pizarnik".El 18 de enero su padre, Elías, muere de un infarto mientras se afeitaba en el departamento que la familia tenía en Miramar. Alejandra Pizarnik estaba en Buenos Aires y sólo le avisó a su íntima amiga Olga Orozco, quien la acompañó al sepelio.


1968 Aparece en Buenos Aires su libro "Extracción de la piedra de la locura" (editorial Sudamericana) y su texto "El poeta y el poema", en "Antología consultada de la joven poesía argentina" (Buenos Aires, Fabril editora).Escribe críticas bibliográficas para la revista Sur.Recibe la beca Guggenheim."Ayer me enteré de que gané la beca. Mi euforia por el aspecto económico del asunto, es decir: hablar de millones con mi madre sabiendo que esta enorme cantidad de dinero se debe a mi trabajo como poeta. En efecto, es como si algo como el destino me ayudara a enfrentar mi destino como poeta. Cada año de mi vida, cada sufrimiento, cada día de trabajo en soledad total, todo parece una conjuración o una asamblea benevolente cuyo objeto fuera confirmar mi destino (no elegido sino más bien fatalmente impuesto) como poeta", escribe en uno de sus diarios, el 25 de julio de 1968.


1969 La editorial La Esquina, de Barcelona (España) publica "Nombres y figuras".


1970 Ingiere una alta dosis de anfetaminas. Es trasladada a la guardia del Hospital Pirovano donde logran salvarla de la muerte."El lenguaje/ –yo no puedo más,/ alma mía, pequeña inexistente,/ decidíte;/ te las picás o te quedás,/ pero no me toques así,/ con pavura, con confusión,/ o te vas o te las picás,/ yo, por mi parte, no puedo más", escribió tal vez refiriéndose a esta experiencia en el poema "Sala de psicopatología", en "Poesía completa 1955-1972", Lumen, Buenos Aires, 2002.




1971 Recibe la beca Fullbright.Aparecen, en Buenos Aires, sus obras "El infierno musical" (editorial Siglo XXI) y "La condesa sangrienta" (editorial Acuarius).La editorial Árbol de fuego, de Caracas (Venezuela) publica su libro "Los pequeños cantos".Realiza terapia con Pichon Rivière y reduce el consumo de anfetaminas y psicotrópicos.Conoce a su último y gran amor, una mujer con la que establece una compleja relación.

1972 El 25 de septiembre, mientras pasaba un fin de semana fuera de la clínica psiquiátrica donde estaba internada, muere de una sobredosis intencional de Seconal.
Escrito con tiza en el pizarrón de su cuarto de trabajo podía leerse:




"criatura en plegaria/ rabia contra la niebla// escrito/ en / el/ crepúsculo// contra/ la / opacidad// no quiero ir/ nada más/ que hasta el fondo// oh vida/ oh lenguaje/ oh Isidoro// septiembre de 1972".





Patricia Venti

Poesía




Todo hace el amor con el silencio.

Me habían prometido un silencio como un fuego,

una casa de silencio.

De pronto el templo es un circo y la luz un tambor


Esperando que un mundo

sea desenterrado por el lenguaje,

alguien canta el lugar en que se forma el silencio.

Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar,

ni tampoco el mundo.


A.P

25 de diciembre de 2008

Los avatares de su legado


La intriga que puso los papeles privados de Pizarnik a salvo de la dictadura y de manos rápidas, contada por primera vez por una de sus protagonistas, amiga y editora de sus obras completas


ANA BECCIU


...........A los pocos días de la muerte de Alejandra Pizarnik, su madre, Rosa Bromiker, nos pidió a Olga Orozco y a mí que nos ocupáramos de reunir los papeles y textos que Alejandra había dejado en su departamento de la calle Montevideo. Trabajamos allí durante varios meses, escoltadas por la poeta Elvira Orphée, que comprendió enseguida la importancia de preservar aquellos documentos. Suya fue la idea de depositarlos en el estudio de un abogado. Y también, la idea de sacarlos de aquel estudio —y llevarlos a casa de Olga— cuando tuvo el pálpito de que allí no estaban seguros.

..........Durante varios meses, Olga y yo acudimos diariamente a la calle Montevideo para ordenar carpetas y cuadernos, y para mecanografiar manuscritos, papeles y papelitos que estaban muy bien ordenados en los anaqueles de la parte inferior de la biblioteca, metidos en cajoncitos y ficheros: todo perfectamente etiquetado y dispuesto. Alejandra era ordenadísima con su obra y su correspondencia. Para finales de 1972 habíamos conseguido armar un libro con el material inédito, y se lo entregamos a Sudamericana. Su dueño, López Llausás, nos había prometido que editaría toda la obra de Alejandra. Pero pasaron cuatro años y no lo hizo.
...........Llegó 1976, estalló el golpe militar. Y nosotras nos preguntamos qué hacer con todos aquellos cuadernos. Olga escribío a Julio Cortázar a París, y él nos aconsejó que los sacáramos del país y se los lleváramos para que él pudiera depositarlos en una institución segura. Yo salí de Argentina en mayo de 1976, pero no pude llevármelos conmigo. Eran demasiado voluminosos y pesados para transportarlos por avión y en las condiciones precarias de mi viaje. Olga mantuvo los documentos en su casa hasta que en 1977, Martha Moia, que había estado muy unida a Alejandra en los últimos años, los sacó en barco y en dos enormes sacos. Olga había entregado a Martha Moia la totalidad de los papeles, es decir, todos los manuscritos y los diarios. Sin embargo, cuando nos encontramos en Barcelona —yo acudí a la cita acompañada de la poeta Ana María Moix a la que entonces ya me unía una gran amistad que hoy perdura— Martha me entregó sólo uno de los sacos, pues el otro se lo "iba a quedar ella". Así fue hasta que, en 1984, accedió a entregarle aquellos cuadernos a Cortázar en París.Por desgracia Julio murió aquel mismo año y quien finalmente recibió los papeles fue su ex mujer, Aurora Bernárdez. Y en su poder permanecieron hasta 1999, cuando de común acuerdo con Myriam Pizarnik, hermana de Alejandra, los depositó en la biblioteca de la universidad de Princeton, en EE.UU., inaugurando así el Archivo Alejandra Pizarnik.

...........Quiero ahora volver al año 1977. A instancias de Moix propuse a Esther Tusquets, por entonces dueña de la editorial Lumen de Barcelona, la edición de la obra de Pizarnik. Comprensiblemente Esther no aceptó. No conocía a la autora y el entusiasmo juvenil de Ana María y mío no le pareció suficiente garantía de éxito comercial. Los inéditos que Orozco y yo habíamos dejado en Buenos Aires seguían inéditos, sin explicación alguna.

...........Hubo que esperar a las Malvinas y la presidencia de Alfonsín para que Sudamericana publicara Textos de Sombra y últimos poemas, la recopilación de inéditos de Pizarnik que habíamos preparado diez años antes. Pero la prisa, el límite de páginas impuesto por la editorial, y nuestro miedo a que ésta cambiara de idea, habían dejado mucho material en el tintero. Pasaban los años y yo no conseguía interesar a los editores españoles en los diarios y los papeles que seguíamos custodiando Aurora y yo, con la inquietud siempre de que nos "pasara" algo y aquello se perdiera. Ambas sabíamos que era fundamental conseguir una edición correcta que hiciera justicia a la importancia de Pizarnik, a su personalidad artística que no dejaba de crecer con las lecturas dentro y fuera de la Argentina.

...........En 1997, Moix y yo volvimos con el proyecto a Lumen. Y esta vez la respuesta fue afirmativa. Sugerí a Aurora Bernárdez el nombre de Nora Catelli para que se encargara de la selección y edición de los Diarios, mientras yo me encargaría de recopilar la poesía y la prosa. "Sólo se tardaron veinticinco años", comentó Ana María con su proverbial sentido del humor el día del año 2000 en que salió Poesía completa en España. Dos años después llegó la Prosa. Y el año próximo les tocará el turno a los Diarios. Desafortunadamente, diferencias de puntos de vista alejaron a Nora Catelli del proyecto inicial (ver pág. 5). Hoy Lumen no tiene vocación para llevar a cabo la edición crítica que ese material requiere. Abriguemos la esperanza de que otra editorial asuma sin restricciones ese proyecto.Ver cumplida la tarea de recopilar la poesía y la prosa, hoy al alcance de los lectores latinoamericanos y españoles significa una gran satisfacción. Mi labor ha sido meramente compiladora. La colaboración de Olga Orozco fue esencial desde el principio: fue ella quien me mostró la importancia de no alterar el orden en que Alejandra había dejado las carpetas y cuadernos y la necesidad de inventariar todo para que los años no nos hicieran perder este o aquel papel. Y de conservar el más ínfimo papelito. Lo primero que Olga hizo en la calle Montevideo fue copiar a máquina lo que Alejandra había dejado escrito en su pizarrón: era el último texto en el que trabajaba.

.........Aquel primer trabajo de mecanografía de los manuscritos me permitió preparar con comodidad las ediciones comentadas. La frecuentación, durante años, de estos manuscritos me ha hecho comprender algunos aspectos que en aquella primera edición de Sudamericana del año 1983 no habíamos ceñido bien: la diferencia que Alejandra establecía entre un texto en prosa y un poema (aunque estuviera aparentemente escrito como prosa). Los recuerdos del escritor Alberto Manguel han sido muy valiosos para ubicar ciertos textos en el volumen de poesía o el de la prosa.

.........Alejandra había empezado a concebir su propia manera de relatar un cuento y diferenciaba un poema y un relato. La diferencia es siempre sutil, pero existe. Incluí La condesa sangrienta entre los ensayos y no entre los relatos, a sabiendas de que muchos lo consideran un relato, porque he podido comprobar que Pizarnik lo escribió como un ensayo: un ensayo sobre el mal —"algun día habría que escribir otro sobre el bien", decía, y señalaba como referencia Niétoshka Nezvanova, la novela de Dostoievsky.

........Di un espacio importante a los artículos y reseñas que publicó en revistas y diarios de la época (lamentablemente faltan algunos, que no pude conseguir a tiempo para la fecha prevista de publicación del libro) porque los considero un modelo de reseña literaria, que hoy nadie escribe y que ningún diario o revista actual admitiría. En cualquier caso, todo ello —manuscritos, cuadernos, carpetas y fichas de trabajo de Alejandra Pizarnik— está hoy en la biblioteca de Princeton, resguardado y a disposición de quienes deseen acceder al estudio y análisis de su obra.

Fuente: Diario Clarín Suplemento Ñ, Sábado/14-Sep-2002

23 de diciembre de 2008

Una Biografía...

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.........El destino eran cincuenta pastillas de Seconal sódico tras cumplir un rito cargado de significación: cuando los amigos desolados entraron en el departamento de Montevideo (en ese entretiempo, sin tiempo que transcurrió entre que una amiga la llevara, ya sin vida, al Hospital Pirovano y entregara su cuerpo para que se velara) encontraron las muñecas maquilladas y, junto a sus últimos papeles de trabajo dispersos, un texto perturbador:
"no quiero ir nada más que hasta el fondo".
.............Todo se había consumado en la madrugada del 25 de septiembre de 1972, a pesar de la vigilia atenta de quienes tanto la querían. A pesar del proyecto de un libro con sus pemas ilustrado por Esmeralda Almonacid; a pesar de la casi certeza de la aparición de lo que luego sería "El deseo de la palabra", antología tristemente póstuma y heroicamente batallada por Antonio Beneyto en diversas editoriales españolas, el cual tendría (junto a los poemas y a las prosas por primera vez recogidos en un libro) dibujos, collages, esa otra forma de seducir el espacio que practicaba Alejandra....

Cristina Piña. (Alejandra Pizarnik, una biografía)

22 de diciembre de 2008

Poesía

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a Cristina Campo.......................................
Son mis voces cantando
para que no canten ellos,
los amordazados grismente en el alba,
los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.
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Hay, en la espera,
un rumor a lila rompiéndose.
Y hay, cuando viene el día,
una partición de sol en pequeños soles negros.
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Y cuando es de noche, siempre,
una tribu de palabras mutiladas
busca asilo en mi garganta
para que no canten ellos,
los funestos, los dueños del silencio.
A.P
Buma, Flora, Blímele, Alejandra, Sasha: cinco nombres para un mismo desamparo.

Buma para la madre y el padre, el íntimo círculo de amigas del colegio, el mundo de la infancia y la primera adolescencia.

Flora en la Escuela Normal Mixta de Avellaneda, donde se atrevía a preguntar y a discutirles a los profesores, liera e inteligente, alumna de 8, a veces 9, porque importaba más leer e inventarse, en el pequeño cuarto propio, un París admirado en los libros, que matarse estudiando para sacarse 10.

Bímele para los maestros de la Zalman Reizien Schule, donde hombres y mujeres formados en Europa y librepensadores le enseñaba a un pequeño grupo de hijos de inmigrantes de Europa oriental a leer y a escribir en iddish, a conocer la historia del pueblo judío, a venerar las festividades de su relgión.

Alejandra al llegar la adolescencia, como contraseña para asumir la propia vocacion, como máscara de fuego con la cual enfrentar la fiesta y el horror de la poesía.

Sasha al final, como el nombre más secreto, con resonancias de leyenda rusa y de joyeros del Zar, de antepasados en el bosque helado de la Ucrania paterna, como último disfraz del desamor.

Buma, Flora, Blímele, Alejandra, Sasha: cinco nombres para un indéntico destino puntual.

("Alejandra Pizarnik. Una Biografía" - Cristina Piña)